Este proyecto plantea una reinterpretación de la marca Lay’s a partir de una fase profunda de investigación que contrasta la comunicación optimista y natural de la empresa con la realidad material de su envase: un plástico multicapa ruidoso que suele asociarse a un consumo impulsivo y, en ocasiones, a una experiencia solitaria o introspectiva. El objetivo no era romper con la identidad de la marca de forma aleatoria, sino recontextualizar el producto bajo un nuevo código cultural, abrazando la imperfección y la desconexión con la perfección comercial habitual.
La respuesta estratégica a este planteamiento fue la cultura grunge de los años 90. Bajo el concepto “Lay’s Unplugged: Rompe el silencio”, el proyecto toma como referente directo los icónicos conciertos acústicos de la MTV, caracterizados por desnudarse de cables y sobreproducción para mostrar la crudeza real del artista. De este modo, “Rompe el silencio” transforma el ruidoso crujido del envoltorio y de la propia patata en una actitud de rebeldía, autenticidad e intensidad, convirtiendo un supuesto defecto del envase en el eje central de la experiencia.
A nivel de implementación gráfica, la estética bebe directamente del movimiento contracultural y del estilo Do It Yourself (DIY). Se desarrolló una identidad visual basada en tonos oscuros, contrastes fuertes, texturas desgastadas con grano, efectos de fotocopia y un marcado ruido tipográfico inspirado en las portadas de los discos de Nirvana y en los fanzines de la época. Para dotar de dinamismo a la gama de productos, cada sabor se asoció a un personaje ilustrado en sintonía con la estética del rock alternativo (al punto de sal, barbacoa y sal y vinagre).
El resultado final demuestra que la propuesta de packaging no es puramente decorativa, sino que responde a un análisis profundo del público y del contexto. Aunque la marca se mantiene perfectamente reconocible para el consumidor, el envase abandona su rol meramente contenedor para convertirse en una pieza narrativa con un código visual disruptivo que destaca con fuerza en los lineales de venta, ofreciendo al usuario una experiencia que no vende solo sabor, sino actitud y expresión.